El placer de masturbarte

El placer de masturbarte

Siempre he parecido un poco solitario, sin apetito sexual o más bien sin hambre de sexo con otra persona, o eso es lo que creían todos…

Desde mi adolescencia nunca tuve una sexualidad definida, pero… ¿Eso importa? A mí la verdad que con 16 años más bien poco.

Por raro que parezca, tampoco tenía el deseo irrefrenable de un toro de miura para practicar sexo con cualquier chica que se pusiera facilona. No era mi estilo, quizá tenía otros pájaros en la cabeza, o ¿Quién sabe?

Pasaron los años, y para ignorancia de mis colegas tuve mis pinitos en relaciones, hetero y homosexuales, y la verdad que las segundas me encantaban mucho más que las primeras, las disfrutaba en cada segundo y cada caricia en mi piel, me hacían sentir único, en uno solo, como si tan solo yo estuviera practicando sexo conmigo mismo, pero con la diferencia de tener a esa persona que conoce cada escondrijo de tu cuerpo puesto que es igual al suyo.

Con el paso de los años aprendí que alguien de mi mismo pensamiento y deseo sexual sería quien me comprendiera que es lo que realmente me eleva hacia el nirvana del placer.

Llegaron también tiempos de sequía, vulgarmente dicho, y pensé en aquellos recuerdos que en los que empecé a masturbarme. Con los dedos, con algún artilugio que diera mayor placer o incluso tan solo viendo una película de esas que las llaman equis. Como os he dicho antes nunca he sido puritano ni escatimoso si es de bien disfrutar con el sexo.

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En aquellos momentos se me pasó por la cabeza a volver a mi manopla para darme todo el placer que me encantaba, como si otra persona, como si yo mismo estuviera en mi propio deseo.

Hacia arriba, abajo, un poco de lubricante. Bien sencillita pero gustosa ¿Y ahora? Creo tener mi pequeño juguete de silicona en forma de culito respingón, más bien masculino en el que penetraría mi falo hasta eyacular en él mi semen caliente y deseoso de sexo duro iba a ser la única vía de escape durante mucho …

Experiencia con una chica

Experiencia con una chica

No quise hacerle sufrir más y le metí mis dos dedos hasta el fondo. Con lo excitada que estaba entraron perfectamente. Entonces empecé a follarla con rapidez. Mis dedos entraban y salían con brusquedad, pero cada golpe de mi mano con su clítoris parecía volverle un poco más loca que antes.

Otra corrida…y otra más…¡¡Estaba disfrutando de lo lindo!! Luego hicimos un 69, parece que ella ya iba tanteando el terreno para lo que vendría. Ella se colocó encima mío pero pronto se movió, se levantó y empezó a comerme el coño ella sólo a mí. Su lengua era una delicia. La movía con muchísima rapidez y siempre me hacía ver las estrellas.

Y pronto sacó el objeto de mi deseo. Nada más verlo casi me corro de gusto. Se lo puso y después de reírnos un buen rato de lo que ella parecía con el trasto ese, yo empecé a sentirme deseosa de probarlo. Tenía muchas ganas de que mi novia me follara con él y que viera la cara de placer que me causaba en mí. Había que lubricarlo y empecé a comerme ese enorme pollón como si fuera una polla de verdad. Mi novia estaba disfrutando de lo perra que estaba yo. La verdad es que había perdido el control de mis actos.

Cuando ya estaba suficientemente lubricado, la tiré sobre la cama y me acuclillé dispuesta a meterme esa enorme polla por mi raja. Era enorme y estaba segura que me llegaría hasta el fondo de mí. La introduje suavemente, poco a poco fue metiéndomela más y más hasta que, efectivamente, la polla llegó hasta el fondo de mí. ¡¡Dios, que gusto!!

Empecé a cabalgar rápidamente, sin parar, cada vez más y más fuerte. Inés me miraba y disfrutaba de mi rostro lleno de placer. Me corrí no sé cuántas veces. Perdí la cuenta. Ese enorme pollón era insaciable. Y no creo que me canse nunca de usarlo. ¡¡Nunca podré agradecer lo mucho que ha hecho por mí!!…